«Padres y profesores, en equipo, sacaremos lo mejor de los niños»

Entrevista > César Bona / Profesor y conferenciante (Ainzón -Zaragoza-, 12-diciembre-1972)

- Escrito el 04 marzo, 2018, 7:50 pm
11 mins
El profesor más conocido de España visita el auditorio de Cox en abril para hablar sobre los próximos retos de la educación

La vida de César Bona García cambió cuando, en 2014, fue el único español nominado al premio más prestigioso para profesores a nivel mundial: el ‘Global Teacher Prize’. Desde entonces, el joven que ha estimulado a decenas de niños y niñas a desarrollar sus capacidades y su ilusión por aprender ha escrito libros, viajado por medio mundo y visitado muchos platós de televisión.

En sus clases, Bona hacía partícipes a todos sus alumnos otorgándoles diferentes roles en el aula, rebajando las tareas extraescolares y con proyectos divertidos e integradores como la música, el cine o el cuidado de los animales. Con motivo de su participación en la ponencia ‘Otra escuela es posible’ el 13 de abril en el auditorio de Cox (19 horas, entrada solidaria), nos concede un hueco en su apretada agenda para hablar sobre educación.

En ocasiones has dicho que no te gusta la etiqueta de ´mejor profesor de España`, porque hay grandes profesionales en tu campo. ¿Debería ser la figura del profesor más respetada?

Sin duda. De hecho, creo que en general es una figura respetada. Uno de los retos que tenemos, incluso lo tenéis también en la prensa, es sacar a la luz esas labores interesantes de profesionales anónimos que hacen una labor tan importante.

Y debería ser una figura más escuchada para establecer pactos educativos. El papel de otros agentes poderosos en la educación parece mayor que el de los que verdaderamente saben.
«Cualquiera no toma decisiones sobre medicina, ¿por qué sí sucede con la educación?»

Sí, es algo que sabemos todos y sigue sucediendo. Imagina que tomaran muchas decisiones sobre medicina gente que no es experta en eso. Casi da miedo. Hay que escuchar a los profesionales y a las partes implicadas: las familias y los niños. Pero parece que todos llevamos dentro un entrenador… ¡y un maestro!

Has grabado cortometrajes, aparcado los libros de ejercicios, agrupado a los alumnos por islas para integrarlos… Abogas por una educación no tan utilitarista como muchos quieren imponer, sino más enfocada a valores como el respeto, la empatía y el esfuerzo. ¿Qué le dirías a la gente que piensa que este enfoque es más idílico que productivo?

Opinar es sencillo y hay que estar abierto a escuchar a todo el mundo, pero también hay que reflexionar un poco. ¿Para qué sirve la educación? ¿Qué cosas son importantes en la vida? Hay que llevar esas cosas a la escuela. Por ejemplo, somos seres sociales. Algo de eso resulta necesario.

Muchas veces unimos el ámbito laboral con la educación, pero sobre todo hay que educar en la integridad. El trabajo forma parte de la vida y habilidades como saber trabajar en equipo, la empatía y la creatividad son muy útiles también en el ámbito laboral. Realmente es obvio, todo empieza en la educación.

¿Los colegios con pocos medios también pueden aplicar nuevas metodologías?
«Hay cosas de hace 50 años que funcionan en un aula, es mejor evolucionar que romper con el pasado»

A veces parece haber una lucha entre escuela tradicional e innovación educativa. Hay cosas que se hacían hace 50 años que siguen y seguirán funcionando. Se trata de evolucionar, no de romper con todo lo anterior.

Por supuesto, es importante que a los colegios se les dote de medios. Invertir en educación es imprescindible, pero también está dentro de nosotros esa evolución. He visto cosas maravillosas a nivel de metodología, por ejemplo, en colegios pequeños de Extremadura.

No eres partidario de mandar deberes para casa porque los niños deben disfrutar de su niñez. Pero, ¿hasta tal punto de rechazar el concepto de negación y las normas, como piensan algunos padres y profesionales? ¿Se puede así caer en la sobreprotección?
«Si los niños hacen muchos deberes en casa, pierden ganas de aprender al día siguiente»

En muchos casos, los pequeños hacen deberes casi hasta la hora de cenar. Hay que revisar qué deberes mandamos y para qué. Debemos generarles las ganas de ir al colegio para aprender al día siguiente.

Pero es cierto, eso no significa decirles a todo que sí y permitirlo todo. Por eso es tan difícil educar, los niños no vienen con un manual de instrucciones. Hay que saber mantener el equilibrio entre exigencia y cariño, derechos y deberes. Y, muy importante, escucharles y aprender de ellos.

Te fuiste de excedencia, sacaste dos libros, diste conferencias por Latinoamérica, las estás dando en España… ¿Por qué este giro en tu vida? ¿Piensas volver a dar clase?

Es paradójico, porque lo que más me gusta es dar clase y ejercer de profesor, pero a su vez este cambio es lo mejor que me ha pasado. Por viajar tanto, por conocer a cientos de compañeros, familias y alumnos y aprender de ellos, por la experiencia inolvidable que he vivido colaborando con ‘Aldeas Infantiles SOS’… El César que salió del aula no tiene mucho que ver con el que volverá, porque puedo asegurar que volverá.

¿Qué has aprendido en este tiempo fuera de las aulas?

Me quedo con los miles de docentes de muchos países que desean formarse, que tienen ilusión y pasión por su profesión, que hacen cosas interesantes desde el anonimato. Eso repercutirá positivamente en la educación de muchísimos niños.

¿Y qué aprendes de los más pequeños?

El mirar la vida con esa curiosidad, con esa creatividad, el ver la magia en las pequeñas cosas.

Mantuviste una conversación con Íñigo Méndez de Vigo, actual ministro de Educación.

Me pareció un señor afable. Hablamos de las necesidades de la enseñanza y de microeducación: los retos diarios de las familias y los maestros, qué siente un alumno cuando sale de casa cada día hacia la escuela… Cosas que no le resultarían desconocidas. Fue una experiencia curiosa.

Siguiendo con el tono político, ¿qué opinión tiene sobre el conflicto vigente acerca del Bable? Una parte de la sociedad asturiana quiere que sea lengua cooficial y que eso se refleje en la educación, pero el conservadurismo político teme que suceda por los ecos del conflicto catalán.
«Las lenguas sirven para abrir puertas, no para cerrarlas»

Da igual que sean los asturianos, los valencianos… quienes sean. Se supone que las lenguas sirven para abrir puertas, al final se trata de utilizar el sentido común. ¿En qué momento, entonces, en política eso se transforma en una puerta cerrada? Es importantísimo mantener nuestras raíces y eso no es algo que nos impida comunicarnos con otros. Debería ser más sencillo.

Recordando los roles de tus alumnos en Zaragoza, muy comentados cuando se supo su nominación al Global Teacher Prize, ¿cuáles les otorgaría a los líderes de los principales partidos políticos españoles?

Más bien les daría a todos un rol de niños, cada uno diferente del otro, como así son los alumnos y las personas, con sus habilidades y dificultades. Sin especificar más allá. Teniendo que ir cada día a la escuela, para que recuerden lo importante que es la función de los profesores.

¿Puede desvelar algún aspecto sobre tu charla en Cox el 13 de abril?

Un mensaje fundamental de la misma es la clave de pensar que todos juntos sumamos, porque en equipo es como conseguiremos sacar lo mejor de los niños. Haremos un viaje al pasado y otro hacia nuestro interior. Reflexionaremos sobre cosas que todos tenemos dentro; solo tenemos que recordarlas.

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