¡Mira que hay que ser mezquinos!

Como cansa oír constantemente lo bien que va la economía mientras se mantiene en el olvido a todas aquellas personas a las que se ´han tumbado` por el camino Las entidades financieras, y más concretamente las cajas de ahorro, nos van a costar a cada español mayor de 18 años cerca de 1.600,00 euros. Es el resultado de los 60.600.000.000 euros que da por perdidos, o por no recuperables, el Banco de España sobre las ayudas prestadas para ´salvar` de la catástrofe la mala gestión de estas entidades. Si, esas ayudas que según de Guindos no nos iban a costar nada a los ciudadanos. Siempre ha habido categorías y en ese sentido este tipo de entidades son nivel máximo, aunque sean deficitarias, mal gestionadas, morosas (la mayor parte de ellas deben un dineral en concepto del IBI y de las cuotas de comunidades de vecinos por los pisos que han quitado a personas por que no pagaban, vamos, todo muy coherente) y usureras (solo hay que observar el crecimiento de las comisiones o como se buscan la vida para inventar algo nuevo que cobrar por cada sentencia que les anula alguno de sus abusos) Incoherencia En cambio los ciudadanos, los que al final tenemos que pagar sus tropelías con nuestro esfuerzo del día a día, parece que somos unos delincuentes y que merecemos quedarnos sin casa, sin luz y sin lo que haga falta por nuestro desmán, y en cierta manera toda la sociedad está dando por válido que eso sea así. El otro día llegaba hasta nuestra redacción un caso que es un claro ejemplo de incoherencia: para que una empresa contratase a una persona necesitaba dar un número de cuenta donde ingresarle la nómina, pero varias entidades financieras (entre ellas nuestra cercana Caja Murcia, ahora transformada en banco con las siglas de BMN después de una inyección del FROB de 915 millones de euros de dinero público y con un presidente, Carlos Egea, que en 2011 cobraba 456.000 euros y tenía un plan de jubilación de 2,6 millones de euros) no le abrían cuenta por figurar en un registro de morosos de esos en los que pueden meterte simplemente por no pagar un recibo del teléfono con el que no estés de acuerdo, por ejemplo. Conclusión: si para liquidar deudas necesitas tener ingresos y por lo tanto trabajar, y para trabajar necesitas una cuenta pero para que te dejen abrir una cuenta necesitas liquidar antes lo que debes a otros (suponiendo que sea cierto que lo debes, que sobre eso habría mucho que hablar), ¿cómo puede salir alguien de ese círculo? Inmunidad Lo cierto es que las entidades financieras se han transformado y sobrevivido a costa de todos, estemos o no de acuerdo con ello, han despedido (reducido las plantillas que queda políticamente más correcto) a 73.000 trabajadores y han seguido haciendo lo mismo de siempre. Y todo ello sin consecuencias ni políticas, ni personales. Ahora entiendo el anuncio en televisión de Solvia, la inmobiliaria del Banco Sabadell que no sabe qué hacer con tanto piso como se ha quedado, en la que dicen que les importa todas tus preguntas pero la respuesta te la da una casa que saca un felpudo o eleva un periscopio, por fin un anuncio que expresa realmente la atención y el interés que prestan algunas entidades al ciudadano. Les debe haber podido el subconsciente. Desinformación Pero no pasa nada, parece que todo esto no importa. Todos nosotros tenemos que asumir hasta la última de nuestras responsabilidades con imposición de multas desde el día siguiente que no se haya pagado un impuesto, o peor aún desde que te digan que te has equivocado al poner un concepto en tu declaración, mientras otros se quedan con el equivalente a cerca del 0,6 % del Producto Interior Bruto (P.I.B.) de España. Eso sí, los principales diarios de nuestro país parece que no se han enterado y el día de la noticia algunos como ABC o El Mundo abrían con el apoyo del presidente francés a Rajoy, otros como El País con la nueva dirección del PSOE de Pedro Sánchez o como La Razón con el Rey Felipe VI que asistió a una corrida de toros. Pues nada, viva la libre economía y vivan los medios libres e independientes. Post Views: 658

Editorial del periódico AQUÍ | Ángel Fernández, Director de AQUÍ

- Escrito el 05 julio, 2017, 8:21 pm
6 mins
Como cansa oír constantemente lo bien que va la economía mientras se mantiene en el olvido a todas aquellas personas a las que se ´han tumbado` por el camino

Las entidades financieras, y más concretamente las cajas de ahorro, nos van a costar a cada español mayor de 18 años cerca de 1.600,00 euros. Es el resultado de los 60.600.000.000 euros que da por perdidos, o por no recuperables, el Banco de España sobre las ayudas prestadas para ´salvar` de la catástrofe la mala gestión de estas entidades. Si, esas ayudas que según de Guindos no nos iban a costar nada a los ciudadanos.

Siempre ha habido categorías y en ese sentido este tipo de entidades son nivel máximo, aunque sean deficitarias, mal gestionadas, morosas (la mayor parte de ellas deben un dineral en concepto del IBI y de las cuotas de comunidades de vecinos por los pisos que han quitado a personas por que no pagaban, vamos, todo muy coherente) y usureras (solo hay que observar el crecimiento de las comisiones o como se buscan la vida para inventar algo nuevo que cobrar por cada sentencia que les anula alguno de sus abusos)

Incoherencia

En cambio los ciudadanos, los que al final tenemos que pagar sus tropelías con nuestro esfuerzo del día a día, parece que somos unos delincuentes y que merecemos quedarnos sin casa, sin luz y sin lo que haga falta por nuestro desmán, y en cierta manera toda la sociedad está dando por válido que eso sea así.

El otro día llegaba hasta nuestra redacción un caso que es un claro ejemplo de incoherencia: para que una empresa contratase a una persona necesitaba dar un número de cuenta donde ingresarle la nómina, pero varias entidades financieras (entre ellas nuestra cercana Caja Murcia, ahora transformada en banco con las siglas de BMN después de una inyección del FROB de 915 millones de euros de dinero público y con un presidente, Carlos Egea, que en 2011 cobraba 456.000 euros y tenía un plan de jubilación de 2,6 millones de euros) no le abrían cuenta por figurar en un registro de morosos de esos en los que pueden meterte simplemente por no pagar un recibo del teléfono con el que no estés de acuerdo, por ejemplo.

Conclusión: si para liquidar deudas necesitas tener ingresos y por lo tanto trabajar, y para trabajar necesitas una cuenta pero para que te dejen abrir una cuenta necesitas liquidar antes lo que debes a otros (suponiendo que sea cierto que lo debes, que sobre eso habría mucho que hablar), ¿cómo puede salir alguien de ese círculo?

Inmunidad

Lo cierto es que las entidades financieras se han transformado y sobrevivido a costa de todos, estemos o no de acuerdo con ello, han despedido (reducido las plantillas que queda políticamente más correcto) a 73.000 trabajadores y han seguido haciendo lo mismo de siempre. Y todo ello sin consecuencias ni políticas, ni personales.

Ahora entiendo el anuncio en televisión de Solvia, la inmobiliaria del Banco Sabadell que no sabe qué hacer con tanto piso como se ha quedado, en la que dicen que les importa todas tus preguntas pero la respuesta te la da una casa que saca un felpudo o eleva un periscopio, por fin un anuncio que expresa realmente la atención y el interés que prestan algunas entidades al ciudadano. Les debe haber podido el subconsciente.

Desinformación

Pero no pasa nada, parece que todo esto no importa. Todos nosotros tenemos que asumir hasta la última de nuestras responsabilidades con imposición de multas desde el día siguiente que no se haya pagado un impuesto, o peor aún desde que te digan que te has equivocado al poner un concepto en tu declaración, mientras otros se quedan con el equivalente a cerca del 0,6 % del Producto Interior Bruto (P.I.B.) de España.

Eso sí, los principales diarios de nuestro país parece que no se han enterado y el día de la noticia algunos como ABC o El Mundo abrían con el apoyo del presidente francés a Rajoy, otros como El País con la nueva dirección del PSOE de Pedro Sánchez o como La Razón con el Rey Felipe VI que asistió a una corrida de toros.

Pues nada, viva la libre economía y vivan los medios libres e independientes.

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