Los pueblos de la Vega Baja están unidos por su huerta y su gastronomía

´El Rabanico` es una asociación en la que experimentan el placer por comer y cocinar

- Escrito el 27 diciembre, 2017, 8:30 pm
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Entrevista > Roberto Llopis Salinas | Presidente de la sociedad gastronómica ´El Rabanico` (Catral, 6-marzo-1971)

La sociedad gastronómica ´El Rabanico` nace por iniciativa de un grupo a los que les une el vínculo de la amistad y la pasión por la cocina. Durante mucho tiempo estuvieron quedando para cocinar y degustar sus platos, y al final decidieron darle forma y rigor a esas reuniones, convirtiéndose hace tres años en una asociación gastronómica.

Debe su nombre a la peña festera ´Rabanico Tieso`, a la que pertenecen casi todos. Por eso decidieron partir de ese nombre, ya que en el pueblo de Catral a la mayoría los conocen como ´los del Rabanico`. En esta asociación no solo experimentan el placer de comer, sino también el de cocinar, algo que hacen todos aportando cada uno lo que sabe.

Además, se encargan de la elaboración de la ´pelota de cocido gigante` o la ´pelota asá`. Se hace a la plancha y es la más grande de su historia, con un tamaño de dos metros cuadrados, hecha con 200 kilos de carne de cerdo y de pollo, blanco (embutido), pan, perejil, ajo, huevo, sangre, sal, piñones y agua, y se reparte entre todo el pueblo en un acto festivo. Un evento que van a repetir con la intención de conseguir un record Guinness.

Robert Llopis es el presidente de esta asociación y concejal de fiestas de Catral.

¿Qué es lo mas importante en esta asociación gastronómica?

En primer lugar, la amistad y, cómo no, al ser una sociedad gastronómica, nos une la pasión por la cocina y la buena mesa. En la sociedad todos cocinamos, cada uno aporta lo que sabe y enseña a los demás nuevas recetas, trucos, etc. Además, proponemos temáticas a la hora de cocinar, nos centramos en un producto o receta y sobre ello cada uno trabaja y propone sus ideas.

¿La amistad crece en torno a una mesa?

No hay nada más que verlo. Aquí somos todos amigos y los nuevos miembros que entran en la sociedad son acogidos como si los conociéramos de toda la vida.

Cuéntenos alguna anécdota que recuerde.
«Nos encariñamos tanto de ´Tenacitas` que luego nadie lo quería sacrificar»

Recuerdo la anécdota de un bogavante de unos tres kilos al que llamamos cariñosamente ´Tenacitas`. Lo tuvimos cuatro días en casa envuelto en paños húmedos, le dábamos un par de baños al día y hasta la mujer del cuidador decía que su marido trataba mejor al bogavante que a ella. Cuando llego el día de preparar a ´Tenacitas` nadie lo quería sacrificar, porque le cogimos cariño, pero al final terminó siendo el ingrediente principal de un sabrosísimo arroz.

¿Cómo es la gastronomía de Catral y cuáles son sus platos típicos?

La gastronomía de Catral, como no puede ser de otra manera, está muy ligada a la huerta, ya que la gran mayoría de los platos típicos tienen productos que obtenemos de ella: Arroz de vigilia, olla viuda, ensalada de lisones, tortilla de alcachofas, camarrojas fritas, arroz de habas y alcachofas, guisado de hinojos…

Además de estos platos tenemos otros como: cocido con pelotas, las pelotas ´asás`, arroz en todas sus variedades (con costra, pollo, conejo…), embutidos, etc. y por supuesto dulces: Almojábanas, monas, tortada de almendras, ´serros` y paparajotes. Tampoco podemos olvidarnos de la enorme variedad de conservas.

¿La huerta une a los pueblos de la Vega Baja?

Sí, nos une la huerta y todo lo que ella ofrece, por tanto compartimos muchos platos.  Dependiendo del pueblo se le da un toque diferente o incluso se le cambia el nombre. Por ejemplo, lo que en Catral conocemos como ´serro` en otras localidades es conocido como ´soplillo`, ´plato ligero` o ´plato subido`.

Además de por cuestiones políticas de problemas de falta de agua, compartimos la misma climatología y eso hace que la materia prima con la que elaboramos nuestros platos nos una. Si comparamos distancias Crevillent está más cerca de Catral que Orihuela, en cambio compartimos muchos más con esta última localidad; algo tendrá que ver la huerta ¿no?

Esto es un pueblo y tenemos la suerte de tener la huerta en la puerta. Y aunque no tengas tierras, eso no implica que no la disfrutes, ya que cualquier familiar o vecino las tiene y siempre te trae algo de lo que cosecha.

¿Es importante recuperar los platos típicos de una tierra para respetar su patrimonio cultural?
«El patrimonio de un lugar no sólo es arquitectónico o cultural»

Desde luego, el patrimonio de un lugar no sólo es arquitectónico o cultural.

El cambio de vida, en el que actualmente todos trabajamos fuera de casa, apenas deja tiempo para cocinar y nos lleva a ir tirando de elaboraciones rápidas, o a utilizar aparatos de cocina que aceleran su elaboración. Nuestras abuelas o madres, a pesar de que también trabajaban lo hacían en casa o se organizarían de otra manera, y ello les permitía poder poner la olla a las siete de la mañana y estar pendientes del cocido varias horas. Esos guisos a fuego lento, los de toda la vida, no deben perderse.

Denos una receta…
«Esos guisos a fuego lento, los de toda la vida, no deben perderse»

El Cerro o ´Serro`, conocido así por nuestro coloquial seseo. Es un postre típico, cuyo nombre deriva de la forma que adquiere una vez terminado de hacer, ya que se asemeja a una montaña, a un pequeño cerro rocoso.

Se puede degustar en cualquier época del año, pero sobre todo en las fiestas más destacadas, y su elaboración es tan sencilla como sencillos son sus ingredientes principales: huevos y mona (si es en Semana Santa) o bizcocho (el resto del año).

Ingredientes para 5 personas: 5 huevos, 120 gr de azúcar para las yemas, 250 gr de azúcar para las claras, 5 cucharadas soperas de leche, 1 mona o bizcocho pequeño de 3 días y canela.

Almíbar: 1 litro de agua, 350 gr de azúcar, 1 corteza de limón y 1 raja de canela. Cuando rompa a hervir se deja 10 minutos a fuego lento, se saca y se añade 1/4 de litro de mistela para recalar la mona o bizcocho antes de poner la yema.

Elaboración: Se trocea el bizcocho o la mona, se coloca sobre una bandeja y se cala con el almíbar preparado con anterioridad. Tras ello, se separan las claras de las yemas de los huevos, ya que las claras se batirán hasta que cojan el ´punto de nieve` y las yemas se cocerán con azúcar a fuego lento para preparar la crema que se colocará sobre el bizcocho o mona recalados. Una vez finalizado este paso, la base de bizcocho y crema se recubrirá con el merengue de las claras, se espolvorearán con canela y se cocerá al horno unos minutos.