Las últimas colonias de la Vega Baja

El espíritu de Fuenteovejuna fue determinante para conseguir la segregación en San Isidro, Los Montesinos y Pilar de la Horadada

- Escrito el 02 febrero, 2018, 7:00 pm
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Se llaman San Isidro, Los Montesinos y Pilar de la Horadada. Son los municipios más jóvenes de la comarca de la Vega Baja, con menos de cuarenta años cada uno, y han pasado de ser pedanías de otro municipio a lograr la independencia por distintos motivos. Comparten un vivo sentimiento de identidad y de unión entre sus vecinos, por lo que cada año celebran el Día de la Independencia con una gran fiesta.

Tres municipios de la Vega Baja tienen menos de 40 años

El más joven de ellos, San Isidro, logró la independencia de Albatera en 1993, así que este año cumplirá los 25, el 22 de marzo. Los Montesinos, se independizó de Almoradí en 1990, y su próximo cumpleaños será el 30 de julio. Pilar de la Horadada, el mayor de todos, nació como tal en 1986, y el 30 de julio alcanzará los 32 años.

San Isidro, un proyecto de colonización
San Isidro cumplirá en marzo 25 años independiente de Albatera

San Isidro es el pueblo más joven de la provincia de Alicante, algo que muchas personas no saben. Como tampoco que posee el segundo palmeral más grande de Europa; el primero está en Elche y es Patrimonio de la Humanidad.

Al igual que había ocurrido con Dolores y San Fulgencio, se hicieron actuaciones sobre almarjales, sobre una tierra que no era productiva. Las primeras prospecciones se hicieron en Callosa y entonces Albatera cedió las tierras al Instituto Nacional de Colonización con la intención de que les dejaran agua de riego del Segura.

“Albatera intentó redimir estas tierras, pero se les negó el riego y finalmente nos hicieron creer que había agua dulce, pero se regaba con agua salada”, comenta el actual alcalde Damián Sabater.

El regidor puntualiza que el pueblo se empezó a construir para darles a las gentes algo por lo que luchar. Antes había una cárcel de reinserción social para presos comunes y también un campo de concentración, con personas hacinadas durante meses. ¿Cómo se limpiaba ese estigma? Construyendo un pueblo.

Y así surge de un proyecto de colonización a través del INC, durante los años 50, y en 1957 se constituye San Isidro de Albatera como entidad local menor.

Un médico y un botiquín
«Todo empezó por un médico y un botiquín» Damián Sabater

El alcalde de San Isidro, Damián Sabater, recuerda perfectamente cómo empezó el asunto de la segregación con respecto de Albatera. La lucha de unos vecinos unidos por defender sus derechos.

Todo comenzó porque el servicio médico no era el adecuado y pretendían cobrarles por prestarles la atención médica que ya pagaban a la Seguridad Social. El médico que se desplazaba desde Albatera hasta San Isidro para atender a los enfermos, pretendía cobrar un plus.

A raíz de eso los vecinos empiezan a movilizarse y a pedir un botiquín o farmacia en el municipio. Pero las farmacias se establecían cada 10.000 habitantes y como Albatera tenía dos a San Isidro no le pertenecía ninguna. Y ahí empezó todo.

Sabater en aquella época era el presidente de la Coordinadora Pro-Segregación, y empezaron las movilizaciones a fondo, hasta la Estación. “Íbamos en serio. Pusimos una cuota por vivienda y cuando tuvimos unos nueve millones de pesetas empezamos las acciones legales, contactando con un gabinete de Madrid que había conseguido otras segregaciones por la zona de Galicia”, explica.

El ahora alcalde, cuenta como lo más importante fue la unión y fuerza de todo un pueblo. Actuaban con picardía y los cortes de la vía férrea los hacían coincidir cuando sabían que había maniobras de la OTAN en Cartagena. Esto les costó más que un susto y a Damián hasta lo llevaron al cuartel.

Una segregación sin término

Al principio consiguieron que les diesen la segregación el 22 de marzo de 1993, pero sin término municipal. Un paso era un paso, y la aceptaron, aunque desde 1956 ya se formaron las primeras viviendas y les pertenecían.

Continuaron pleiteando con decisión hasta que les tuvieron que dar el término, “porque nos pertenecía” y tras el primer Consejo de Ministros del Instituto Nacional de Colonización (INC) les dieron el término para hacer una actuación C.

Damián relata que todo aquello fue muy lamentable “vamos a darles el pueblo y que se queden ahí encerrados. Ese fue su gran error, aquello nos unió más, como nos unió el hambre y la miseria en una zona devastada”.

“Recuerdo la de gente que se tuvo que ir de aquí con una mano delante y otra detrás. Muchas personas. Además, a Albatera no se iba a ir nadie, porque para ellos era una deshonra tener que mudarse allá. Las casas eran casas para animales, no para personas”.  Finalmente, el día que les concedieron la segregación fue una fiesta inmensa.

El primero del pueblo
«Nuestra generación fue la primera en llevar a nueve universitarios» Manuel Argilés

Manuel Argilés García fue el primer niño nacido en el nuevo pueblo. Este año cumplirá, como San Isidro, los 25 años. Sin embargo no fue el primero en inscribirse allí, ya que en aquella época no tenían servicio de Registro Civil.

A todos los niños que nacieron ese año en San Isidro se les hizo una placa conmemorativa, que Manuel muestra con orgullo no disimulado.

También cuenta que en las generaciones anteriores a la suya, de San Isidro sólo uno o dos estudiaban en la Universidad. “La nuestra fue la primera generación en llevar a nueve universitarios de los 16 que nacimos ese año”.

Manuel estudió Trabajo Social, pero enfrentarse a la dureza de los casos a tratar le hizo cambiar de profesión. Ahora está emprendiendo un proyecto de cultivo ecológico en las tierras en las que su abuelo tanto sufrió con el agua salada.

Sin rencor

Además, ha cambiado ‘el rencor’ que había entre las gentes de San Isidro y las de Albatera. “Nacimos en un nuevo pueblo y con una nueva mentalidad. Pero entiendo que lo sintiese mi abuelo que, siendo agricultor con tierras lindantes en Albatera, los agricultores de allí se reían porque sabían que nuestras tierras se regaban con agua salada. Eso fue muy duro para los que lo vivieron”.

“Lo único que se ha perdido en las generaciones posteriores ha sido el rencor. Ahora hay parejas que se forman cada uno de un pueblo e incluso hay grupos de amigos de ambos. Esto antes era impensable” comenta Manuel Argilés.

Orgullosos de su pueblo

“Yo lo que sé sobre el pueblo es porque me ha interesado siempre. Aquí en San Isidro hemos tenido un campo de concentración. Todos los años se realizan jornadas y eso quieras que no conciencia mucho”.

Explica Manuel que “todos esos acontecimientos tan recientes han propiciado que los más jóvenes nos interesemos por la historia de nuestro pueblo. Saber que tantas personas sufrieron y murieron, aquí en nuestra tierra, te forja una mentalidad más crítica y una conciencia política”.

Así que cada año la Asociación por la Memoria Histórica realiza actividades temáticas, que explican que pasó y porqué. “Hace dos años el tema era la República, otro año los exiliados. En general son reflexiones sobre la Guerra Civil y la Posguerra, que finalmente fue el gran problema de España”, explica Manuel Argilés.

Un pueblo de izquierdas

Cuenta que en San Isidro el ser de izquierdas está muy arraigado. Siempre han gobernado los socialistas y los alcaldes lo han hecho bien.

“El partido local no tiene nada que ver con esa estructura que tiene el PSOE a otros niveles. Es una izquierda real, basada en el conocimiento de la historia y en las necesidades de la gente. En un pueblo pequeño como éste lo que cuentan son las personas” explica Manuel.

Y aunque es cierto que lleva la política en vena “de momento no me planteo la posibilidad de ser alcalde, pero bueno, es algo que a largo plazo tampoco descartaría” añade.

El abandono de Pilar de la Horadada
En Julio de 1986 los pilareños empiezan su andadura como municipio independiente

El 30 de julio es fiesta en Pilar de la Horadada, desde que en el año 1986 consiguiesen la segregación. Los 36 kilómetros que la separan de Orihuela son muchos para tratar de caminar al mismo paso.  Así que, sin servicios de primera necesidad, sin inversiones y sin una red de comunicaciones que facilitase el entendimiento, los vecinos del Pilar sabían que no empezarían su desarrollo hasta soltar lastre.

Agobiados, viendo cómo el enorme potencial en agricultura y turismo no era tenido en cuenta por Orihuela, iniciaron las protestas, huelgas y manifestaciones que les permitiesen hacer oir su voz.

El espíritu de la Segregación
Pilar de la Horadada se movilizó para reclamar más inversiones de Orihuela

Su alcalde, Ignacio Ramos, explica que “el proceso social más importante de Pilar de la Horadada ha sido la segregación. Con ella se activaron todos los principios de un nuevo pueblo. Era un espíritu de trabajo, de superación, de demostrar que tenemos suficiente población, riqueza y territorio. Eso es algo que todavía perdura”.

Este espíritu de pertenencia, de identidad y el orgullo de que ya no los gobernase Orihuela, es los que ha propiciado todo el desarrollo urbanístico, cultural y social de Pilar de la Horadada, que hoy es el tercer municipio de la Vega Baja.

Ramos es consciente, sin embargo, de que quizá esta seña de identidad no dure siempre, fundamentalmente porque Pilar de la Horadada es un pueblo diverso, compuesto por personas de más de 65 países del mundo.

Agricultura y turismo

Saber utilizar los recursos, un pueblo agrícola, de agricultura moderna, atravesada por el canal del trasvase Tajo-Segura. Es gracias a eso por lo que se produce una transformación que pasa de una agricultura de secano a una agricultura de regadío. El almendro y el algarrobo, el olivo, todo esto desapareció y ahora aparecen invernaderos.

También se ha referido el alcalde al turismo; los servicios. Una zona privilegiada donde los cuatro kilómetros y medio de playa, dentro del oasis que es el clima mediterráneo, ha hecho que se desarrolle también medioambientalmente.

Y muy importante, considera Ignacio Ramos, la elaboración de un Plan General de Ordenación Urbana que no estaba y que se desarrolló en el año 2000. “Esto supuso el desarrollo urbanístico, donde se contemplaba la segunda residencia. Se dotó al municipio de unas infraestructuras básicas de las que carecíamos. Zonas sociales, deportivas, recreativas y verdes.

“Se trataba también de compensar; de que el ciudadano estuviera cómodo en Pilar de la Horadada.

Eso lo hemos conseguido y estamos muy contentos con ese desarrollo turístico y de servicios alcanzado con el esfuerzo de todos”, añade el alcalde.

Los Montesinos
La escasez de servicios públicos en la pedanía movilizó a los vecinos de Los Montesinos

El círculo se cierra con Los Montesinos y su segregación de Almoradí el 30 de julio de 1990. Los vecinos argumentaban razones de orden social, económico y cultural.

En el libro ‘De la Marquesa a Los Montesinos’, de Remedios Muñoz Hernández, se menciona “la escasez de servicios públicos existentes en la pedanía, tanto los derivados de la Administración central, como los vinculados con la autonómica y local”.

Entre ellos se citan la falta de una oficina de Correos; la ausencia de efectivos para el control del orden público, ya fuera por parte de la guardia civil o de la policía municipal; y la carencia de un dispensario de asistencia sanitaria y farmacéutica permanente, para cubrir las necesidades de urgencia, al menos, por la noche.

Se incidía en que no residía en la localidad ningún médico, practicante o farmacéutico, estando este último servicio exento de la obligación de realizar guardias, considerándolo por ello “totalmente irregular y de prestación sui generis, al no poder entrar la farmacia en el turno normal de guardia con las de Almoradí y Los Montesinos”.

Segregación exitosa

Igualmente, argumentaban que la prestación ofrecida al vecindario por la oficina municipal, instalada recientemente en el núcleo urbano, era a todas luces insuficiente, pues provocaba “situaciones de retraso en la tramitación de documentos, con lo que da lugar a justificar la comparación de sentirse discriminados”.

Circunstancias semejantes se planteaban con el servicio de policía municipal, cuyos miembros se desplazaban periódicamente desde Almoradí para realizar un reconocimiento ocular en la pedanía.

Tras conseguir la segregación en 1990, Los Montesinos inicia los pleitos por el término municipal, que finalmente se zanja en el año 2000.

El alcalde de Almoradí que facilitó la segregación, Antonio Alonso, lo hizo en cumplimiento de una promesa electoral de 1987. Alonso falleció el pasado mes de enero.

El Realengo

El Realengo es una entidad local menor que en estos momentos pertenece a Crevillent y, al igual que ocurriera con San Isidro, es un pueblo construido en los años 50 de los llamados de ‘colonización’.

Con San Isidro comparte también al arquitecto J.A Fernández del Amo que diseño las casas de ambos municipios.

En los últimos tiempos, los vecinos están reclamando más servicios y seguridad. ¿Será El Realengo el próximo pueblo en pedir la segregación?