El trabajo como vocación

Es curioso cómo damos por sentado el significado de las palabras sin hacer, muchas veces, una mínima reflexión sobre los presupuestos que encubre su uso. Incluso aquellos términos ampliamente difundidos por su utilización habitual atesoran sentidos que, a buen seguro, nos sorprenderían

Es curioso cómo damos por sentado el significado de las palabras sin hacer, muchas veces, una mínima reflexión sobre los presupuestos que encubre su uso. Incluso aquellos términos ampliamente difundidos por su utilización habitual atesoran sentidos que, a buen seguro, nos sorprenderían

- Escrito el 01 Agosto, 2017, 10:37 am
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Esto es así con la palabra ´vocación`, muy extendida en el ámbito educativo, pero generalizada también al mundo laboral. De hecho, en la lengua del imperio anglosajón, ´vocational studies` sustituye a nuestra conocida ´formación profesional`, sintagma que sobrevive todavía en un entorno amenazado por la superpoblación de lo ´educativo`, que pretende acaparar todos los campos de la antigua ´instrucción`. Palabras, como se ve, que combaten en el territorio de nuestra habla cotidiana y que configuran nuestros patrones mentales con mayor o menor eficacia (otro ejemplo es el cambio reciente de ´imputado` por ´investigado` en el terreno judicial, sin ir más lejos, pues aquel parece que sonaba a indecente o incluso directamente a culpable).

Condición superior

En este caso, se suele hablar de que cada persona debe encontrar su vocación, es decir, aquello que le guste para desarrollar su actividad profesional. Pero más allá, con esto también se quiere señalar una especie de condición superior respecto al vínculo que une a una persona con el puesto desempeñado, como si en él se hallara esa realización última que Maslow plasmó en forma de pirámide, como una especie de escalera hacia la plenitud.

Tal interpretación de la relación de las personas con su trabajo nos retrotrae a dos corrientes que han gozado de un gran éxito histórico y continúan ampliamente vigentes en la actualidad: la de los lugares naturales de Aristóteles y la Teología cristiana.

Es bien conocido que el origen del término vocación es del latín y significa ´llamada` (vocatio). La llamada (de Dios) para seguir un camino de fe. Esta implicaba, además un sacrificio y toda la abnegación para su ejercicio a la mayor gloria divina. En definitiva, un determinado modo de afrontar las problemáticas propias asociadas al trabajo desempeñado.

Dentro del proceso general de secularización que han vivido las ideas teológicas, esta vocación ahora extendida al ejercicio, normalmente, de profesiones liberales, constituye un ejemplo más. En este caso, referido a la justificación personal que da cada cual sobre cómo y por qué ha llegado a estar ejerciendo un trabajo. Así el maestro o la enfermera (con esos matices históricos de género sobre los que ahora se observa tanta cautela) eran puestos ´vocacionales`, a los cuales se han ido sumando otros como informático o aviador o periodista. Luego estaban las profesiones de ´cuello azul` más asociadas a otra línea de interpretación, como las de mineros, artesanos, estibadores, etcétera. Hacia ellas también se ha ido ampliado el espectro de la vocación (en ello está la formación profesional que decíamos antes). Sin embargo, todavía hay otras, al parecer, que no han entrado en el modelo vocacional, como basurero o limpiador.

Fenómeno social

Es, pues, una forma de interpretación de un fenómeno social. En antropología, Kenneth Pike distinguió precisamente dos puntos de vistas relativos a estos casos: emic y etic. Emic es una interpretación desde las coordenadas del agente involucrado, mientras que Etic es una interpretación desde coordenadas externas al agente, supuestamente más ´objetivas` que las anteriores. Si, por ejemplo, examinamos la noción de vocación, veremos que, mejor que explicar la posición laboral que se ocupa en el conjunto social por las ´llamadas` espirituales, son los ámbitos envolventes al individuo (el tejido productivo y su abrupta textura en la que intervienen multitud de variables globales y locales, el sistema educativo, junto con otros muchos parámetros) o los contextos históricos que afectan, por encima de la voluntad, a los agentes, los que permiten comprender sus acciones y decisiones. De ese modo podemos saltar, por encima de las justificaciones particulares, a explicaciones mucho más ajustadas a la explicación, sin necesidad de saltos preaeternaturales sobre cuya verdad no entramos.

«Quizá fuera más razonable exigir el cumplimiento diligente del trabajo que este sacrificio agónico»

También permite comprender de otro modo el tipo de estrategias de afrontamiento ante los problemas propios de cada oficio. Así, cuando se pide que los maestros o profesores deben ser por ´vocación`, lo que se está diciendo es que sacrifiquen todo el tiempo necesario en resolver la cada vez mayor cantidad de problemas relativos a la enseñanza. Se insinúa con ello que lo den todo con abnegación e incluso sin reclamar nada a cambio (“al fin y al cabo tienen dos meses de vacaciones”) porque fueron llamados para ello. Sin necesidad de apelar a fuerzas espirituales, una interpretación etic podría comprender estas apelaciones según parámetros sociales vigentes sobre cómo la sociedad (y sus individuos) entiende que ha de ser un perfil profesional determinado y las implicaciones que este tiene sobre los propios profesionales. Quizá fuera más razonable exigir el cumplimiento diligente del trabajo que este sacrificio agónico.

«Deberíamos tratar de profundizar en el conocimiento de lo que nos rodea, para conocernos mejor a nosotros mismos»

En segundo lugar, la teoría de los lugares naturales de Aristóteles consistía en considerar que a cada uno de los clásicos cinco elementos le correspondían un lugar en el cosmos y que a él se dirigía cuando algún movimiento violento le alejaba de él. Transferido de la física a la política (a la polis), consiste en creer que estábamos predestinados a caer en el trabajo que nos tocaba, y que el conjunto de nuestras experiencias anteriores nos ha dirigido, inexorablemente, a él. De nuevo se trata de un salto al vacío, de una apelación a fuerzas ocultas que más bien responden a nuestra imposibilidad, en tanto que meros individuos de un conjunto inmenso, de comprender la totalidad de los fenómenos que nos rodean, buscando justificaciones más o menos mágicas según afinidad a nuestro ´punto de vista`.

No obstante, pese a la verdad de nuestra finitud, no deberíamos dejarnos arrastrar por estos mitos, por muy atractivos que nos resulten, y deberíamos, tal vez, tratar de profundizar en el conocimiento de lo que nos rodea, para conocernos mejor a nosotros mismos. Esa es, al menos, mi vocación.

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